Aunque los textos más antiguos que testifican la devoción a San Cristóbal, datan del siglo VII, no será hasta el siglo XIII y la obra "La leyenda áurea" o “La leyenda dorada” de Santiago de la Vorágine, cuando su historia quedaría finalmente forjada.
Supongo que ya les sonará este libro, ya que en él se recogen otras leyendas ya abordadas en este blog como por ejemplo, la leyenda del “Lignum Crucis” o “La invención de la Vera Cruz” . Llegados a este punto, creo importante colocar la obra en su contexto, para ver hasta que punto todo el conocimiento que estamos viendo está relacionado, y la "dirección" a la que apunta.
Santiago de la Vorágine, fue obispo en Génova entre 1292 y 1298. Por esta época precisamente, fue enviado por el papa Nicolás IV para mediar en el conflicto entre Génova y Venecia. Recordemos que justo por aquel entonces, Rustichello de Pisa, estaba encarcelado junto a Marco Polo en una cárcel genovesa, tras haber sido el veneciano capturado en la batalla naval de Curzola (Kórchula), por los genoveses.
( El por qué el “comerciante” de seda y emisario papal, Marco Polo, participaba en dicha batalla, sigue siendo un misterio al que quizás nosotros, podamos más adelante dar una explicación.)
Así pues, la obra de Marco Polo y la de Santiago de la Vorágines, son coetáneas. Es más, la ciudad de Génova aúna a estas dos figuras con nuestro protagonista, Cristóbal Colón, ya que por mucho que nos empeñemos en hacer cábalas sobre su verdadera patria, lo cierto es que el propio descubridor y su hijo, junto a sus coetáneos, son bastante explícitos al respecto: Génova debe de ser considerada su patria. Los documentos a este respecto, son abrumadores.

Pero otra ciudad también aúna a estos hombres: Roma. Santiago de la Vorágine, estuvo al servicio de un papa, al igual que como ya hemos visto, también lo estuvo Marco Polo. Y en cuanto a Colón... permítanme transcribir partes de la carta que enviara a Alejandro VI (1502), el papa Borgia:
Beatissime Pater :
Luego que yo tomé esta empresa y fui a descubrir las Indias, propuse en mi voluntad VENIR PERSONALMENTE A VUESTRA SANTIDAD CON LA RELACIÓN DE TODO ; (...)
El Rey y la Reina , mis Señores, me reenviaron aprisa a la empresa para descubrir y ganar todo, Y ASÍ NO PUDO TENER EFECTO MI VENIDA A VUESTRA SANTIDAD (...)
(...) Gozara mi ánima y descansara SI AHORA AL FIN PUDIERA VENIR A VUESTRA SANTIDAD CON MI ESCRITURA, LA CUAL TENGO PARA ELLO, QUE ES EN LA FORMA DE LOS COMENTARIOS Y USO DE CÉSAR, en que he proseguido desde el primer día hasta ahora, que se atravesó que yo haya de hacer en nombre de la Santa Trinidad viaje nuevo, el cual será a su gloria y honra de la Santa Religión Cristiana. La cual razón me descansa y hace que yo no tema peligros ni me de nada de tantas fatigas y muertes que en esta empresa yo he pasado con tan poco agradecimiento del mundo. Y espero de Aquel Eterno la victoria de esto como de todo el pasado. Y cierto, sin ninguna duda después de vuelto aquí NO SOSEGARÉ HASTA QUE VENGA A VUESTRA SANTIDAD CON LA PALABRA Y ESCRITURA DE TODO, el cual es magnánimo y ferviente en la honra y acrecentamiento de la Santa fe cristiana.
Es más..., cuando enfermo y viejo era consciente de que su vida se acercaba a su fin, Colón suplicaba a los Reyes Católicos en su Relación del Cuarto Viaje (1503):
“Yo vine a vuestras Altezas con sana intención y buen celo, y no miento. Suplico humildemente a Vuestras Altezas que, si a Dios place sacarme de aquí, QUE TENGAN POR BIEN MI IDA A ROMA Y OTRAS ROMERÍAS...Cuya vida y alto estado la Santa Trinidad guarde y acreciente.”
A partir de ahora iremos ahondando cada vez más en esta relación de Cristóbal Colón con Roma, que les aseguro no es únicamente epistolar. Es más... comprobaremos cómo el Descubrimiento de América, nunca fue el proyecto de un iluso, sino de toda la cristiandad... ¿Acaso la promesa del Reino de Dios, no es la promesa de un cristianismo universal y del dominio de su Iglesia... por todo el Orbe? América, descubierta o por descubrir, formaba parte de ese “todo”. Urgía la conversión de sus gentes, ya que el fin de los tiempos estaban cerca: ciento cincuenta años, según los cálculos de nuestro Almirante:
“Según esta cuenta no falta salvo CIENTO Y CINCUENTA Y CINCO AÑOS para cumplimiento de siete mil (se refiere a siete mil años desde la creación del mundo), en los cuales dise arriba (se refiere a San Agustín) por las autoridades dichas que habrá de fenecer el mundo . Nuestro redentor dijo que antes de la consumación de este mundo se habrá de cumplir todo lo que estaba escrito por los Profetas.(...)
Yo dije arriba que quedaba mucho por cumplir de las profecías, y digo que son cosas grandes en el mundo, y digo que la señal es que Nuestro Señor da prisa en ello: EL PREDICAR EL EVANGELIO EN TANTAS TIERRAS DE TAN POCO TIEMPO ACÁ ME LO DICE”. (Carta a los Reyes (1501), Texto XLIII)
Se fraguaba el Apocalipsis. Los indicios eran claros para el Almirante. ¿Erraba? Desde mi punto de vista..., erró tanto...., como cuando aseguró que la Tierra tenía forma de Pera.

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