sábado 6 de agosto de 2011

CRISTÓFORO ( 1 Parte)

En anteriores entradas, he intentado demostrar como tras el simbolismo de la cruz se “esconde” la representación de la totalidad de nuestro planeta a través de sus cuatro puntos cardinales. Con respecto a estas cuatro coordenadas, se estudiaban las posiciones de los astros con la intención de comprender y predecir las “leyes” naturales que rigen nuestro planeta: estaciones, vientos, eclipses, etc.





También la orientación astronómica, posibilitaba la exploración geográfica y el acceso a riquezas y conocimiento de civilizaciones distantes. Esto se traducía en beneficios económicos y estratégicos tan importantes, que no es de extrañar que los logros adquiridos en este sentido se mantuviera en secreto por las distintas comunidades.



Una forma de asegurar la pervivencia de estos conocimientos sin exponerlos abiertamente, fue encubriéndolos bajo leyendas. Así, la ciencia que verdaderamente latía bajo estos relatos, pasaba desapercibida.




La Iglesia, como hemos visto, también elaboró sus leyendas con sus símbolos, santos y otros personajes relevantes de la Biblia, como protagonistas. Ya hemos visto en este blog, el conocimiento científico que bajo mi punto de vista encierran leyendas como la del “Lignum Crucis” y la de la “La Invención de la Santa Cruz”, presentes en la obra “La leyenda dorada” de Santiago de la Vorágine.






Precisamente por revelador, permítanme transcribir parte del capítulo en el que se abordan estas leyendas (Capítulo LXVIII). Dice así:




“El apóstol san Pablo parece insinuar que en la construcción de la Cruz, se emplearon cuatro piezas de maderas distintas cuando dice: “ ...para que con todos los santos podáis comprender cuales fueron su longitud, su latitud, su altura y su profundidad”; palabras que el ilustre doctor Agustín (San Agustín) comenta con estas otras: “La latitud se refiere al madero transversal de la Cruz sobre el que se extendieron los brazos del Señor; la longitud, al trozo vertical que llegaba desde el suelo al transversal; a este sector longitudinal sujetaron el cuerpo de Cristo desde los hombros para abajo; la altura dice relación a la porción del madero vertical que quedaba por encima del horizontal y que servía para apoyar la cabeza; la profundidad de que habla el texto se refiere a la parte inferior del sector vertical que se hincó en el suelo y quedo oculto bajo tierra”





Latitud, longitud, altura y profundidad, las claves que encierran según San Agustín, la cruz de Cristo..., y según la ciencia, toda posición espacial. Este texto, repito, es parte del capítulo en el que se recogen las leyendas del “Lignum Crucis” y “La invención de la Santa Cruz”.


En cuanto a las palabras del apóstol San Pablo recogidas en Efesios 3:18, aunque “extrañamente” señale Santiago de la Vorágine que hace referencia a la Cruz de Cristo, realmente el texto de la Vulgata hace referencia al “misterio” de Dios y su gloria:



“a fin de que podais COMPRENDER CON TOOS LOS SANTOS, cual sea la anchura y longura, y la alteza DE ESTE MISTERIO”



Cambiemos de nuevo el término Dios por Sol, y hagamos caso de San Pablo cuando dice… “ a fin de que podáis comprender con todos los santos”, y comprendamos en este caso con San Cristóbal, cual es el misterio y la gloria… "de la anchura,longura y alteza" del Sol.






Para ello, en esta primera parte de la entrada, volvamos sobre la leyenda de este santo gigantesco. Resumo a continuación de forma fiel el Capítulo C de la obra de la Vorágine (sobre todo los diálogos), que asentó históricamente la vida de este santo. He aquí…su leyenda:



Antes de cristianizarse, San Cristóbal era un soldado cannaneo de fuerza y proporciones desmedidas llamado Réprobo (Malvado), que un día tras una charla con el rey de Cannán, decidió servir únicamente al hombre más poderoso de la Tierra.




Viajó hasta creer encontrarlo, pero ya en su corte, descubrió con asombro que el monarca temía al diablo, así que decidió que era a él a quien tenía que servir.




Volvió entonces a los caminos y en su paso por un desierto, encontró a quien buscaba. Se unió rápidamente a su regimiento, pero al pasar ante una cruz de piedra en la vera de un camino, el diablo tembló. Réprobo exigió una explicación:



“- Hace tiempo hubo un hombre llamado Cristo. Sus compatriotas le crucificaron, y desde entonces, cada vez que veo una cruz, sin poder evitarlo me siento invadido por un miedo terrible”






Al oír esta confesión, el gigante continuó su búsqueda hasta encontrar a un ermitaño que atendiendo a su curiosidad, le instruyó en la fe cristiana. Deseando seguir al que ya no dudaba era el príncipe más poderoso de la Tierra, aceptó la proposición del ermitaño de servir a Cristo cargando sobre sus hombros a todo aquel que quisiese atravesar un peligroso río.





Ataviado con un resistente varal como báculo, Réprobo luchaba contra la corriente transportando a las gentes de una orilla a otra, hasta que un día un niño solicitó sus servicios.



-¡Cristóbal: sal y ayúdame a pasar el río! - llamó por tres veces.






Réprobo salió de su cabaña y acarreándolo sobre sus hombros, repentinamente las aguas comenzaron a subir de nivel incesantemente, mientras el peso del chillo aumentaba como plomo. Tras ver el fin cerca y realizar un esfuerzo sobrehumano, logró cruzar el río:



-¡Ay, pequeño!¡ Qué gravísimo peligro hemos corrido! ¡En menudo aprieto me has puesto¡ ¡ He sentido sobre mis espaldas un peso mayor que si llevara sobre ellas al mundo entero!




-Cristóbal- comentó el niño- Acabas de decir una gran verdad; no te extrañe que hayas sentido ese peso porque , como muy bien has dicho, sobre tus hombros acarreabas al mundo entero y al creador de ese mundo. Yo soy Cristo, tu rey. Con este trabajo que desempeñas me estás prestando un extraordinario servicio. Voy a darte una prueba de que lo que te estoy diciendo es verdad: cuando pases de nuevo la corriente para llegar a la ribera, una vez que hayas llegado a tu cabaña, hinca junto a ella en el suelo el varal que utilizas para atravesar el río; mañana cuando te levantes, el varal estará verde y lleno de frutos.








Tras estas palabras, el niño desapareció. Réprobo hizo lo que se le había ordenado, y al día siguiente comprobó que el varal se había convertido en una palmera cuajada de dátiles.



A partir de entonces, Réprobo, fue bautizado con el nombre de Cristóbal o Cristóforo (“Portador de Cristo”), y dedicaría el resto de sus días a predicar y a extender la fe cristiana, hasta que apresado en Licia, fue sometido al martirio hasta morir. Hasta que San Cristóbal exhaló su último aliento, fue golpeado con barras de hierro, enmascarado con una careta de metal incandescente, quemado en una parrilla, asaetado en una columna y por último, decapitado.





Ahora, intentemos comprender el significado astronómico que encierra esta leyenda. Tras ello, comprobaremos con mayor asombro, cómo efectivamente, el nombre de nuestro Almirante, Cristóbal Colón, fue puesto “como indicio del efecto que iba a derivarse”. Nombre y gesta…son todo en uno, y constituyen la puerta por la que nos adentraremos para comprender la verdadera dimensión del personaje, que nunca fue la de descubridor.



“…de la misma manera que la mayor parte de sus actos fueron realizados por algún misterioso designio, tampoco lo que se refiere a tal nombre o apellido se produjo al azar: Podríamos aducir el ejemplo de muchos nombres, que no si oculta causa, fueron puestos como indicio del efecto que iba a derivarse, como si se tratara de pronosticar las maravillas y novedades que llevaron a cabo.”



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